Título

Nuestra Señora del Carmen

Padre Angelo Ferraro

martes, 19 de mayo de 2015

ROMA, 15 de mayo de 2015 – Del papa Francisco hay ahora dos versiones cada vez más distantes entre ellas: el Francisco de los medios de comunicación y el verdadero, el real.

El primero es archiconocido y estuvo en la ola desde su primera aparición en el balcón de la basílica de San Pedro.

Está el relato del Papa que revoluciona a la Iglesia, que depone las llaves de atar y desatar, que no condena sino que sólo perdona, más aún, ni siquiera juzga más, que lava los pies a una encarcelada musulmana y a un transexual, que abandona el palacio para zambullirse en las periferias, que abre sendas a lo ancho, sobre los divorciados que se han vuelto a casar y sobre los dineros del Vaticano, que clausura las costumbres del dogma y abre las puertas de la misericordia. Un Papa amigo del mundo, de quien ya se alaba la inminente encíclica sobre el "desarrollo sustentable" antes incluso que se vea qué se ha de escribir.

En efecto, en las palabras y en los gestos de Jorge Mario Bergoglio hay mucho que se presta a este relato. 

El Francisco de los medios de comunicación es un poco creación también suya, genial, que en el curso de una mañana ha revertido milagrosamente la imagen de la Iglesia Católica, de opulenta y decadente a "pobre y para los pobres".

Pero si sólo se toca con la mano qué ha aportado verdaderamente de nuevo el pontificado de Francisco, la cosa cambia.

La vieja curia, tan detestada con razón o sin ella, está todavía allí entera en su totalidad. Nada ha sido desmantelado o sustituido. Las novedades son todas sobre cosas que se agregan: otros dicasterios, otras oficinas, otros gastos. Los diplomáticos de carrera, que el Concilio Vaticano casi llegó a abolir, están más en el poder que antes, también allí donde se esperaba encontrar a los "pastores", como a la cabeza del sínodo de los obispos o de la Congregación para el Clero. Para no hablar del "círculo interior" en contacto directo con el Papa, carente de roles definidos pero muy influyentes y con penetrantes ramificaciones en los medios de comunicación.

Luego están las cuestiones candentes, que apasionan y dividen mucho más a la opinión pública: el divorcio, la homosexualidad.

El papa Francisco ha querido que se discutiera abiertamente y lo hizo él primero, con pocas, estudiadas y eficacísimas frases impactantes, como la de "¿quién soy yo para juzgar?", la cual se convirtió en la marca identificatoria de su pontificado, dentro y fuera de la Iglesia.

Durante meses y meses, entre los dos veranos de su primer y segundo año como Papa, Bergoglio ha dado espacio y visibilidad a los hombres y a las corrientes favorables a una reforma de la pastoral de la familia y de la moral sexual. 

Pero cuando en el sínodo del pasado mes de octubre verificó que entre los obispos la resistencias a esta reforma eran mucho más fuertes y extensas que lo previsto, corrigió el tiro y desde allí en más no ha dicho más una sola palabra de apoyo a los innovadores. Más bien, ha vuelto a martillar sobre temas controvertidos – el aborto, el divorcio, la homosexualidad, la anticoncepción – sin separarse jamás ni un milímetro de la rígida enseñanza de sus predecesores Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. 

Desde octubre hasta hoy, Francisco ha intervenido sobre tales cuestiones no menos de cuarenta veces, atacando pesadamente sobre todo a la ideología de "género" y a su ambición de colonizar el mundo, no obstante, ha dicho, es "expresión de una frustración y de una resignación que busca eliminar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontar más con ella". Pasando de las palabras a los hechos, ha negado el "placet" al nuevo embajador de Francia, porque es homosexual.

También sobre el divorcio Francisco se ha endurecido mucho. "Con esto no se resuelve nada", dijo recientemente respecto a la idea de dar la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, tanto menos, agregó, si ellos la pretenden, porque la comunión "no es una adorno, un honor, no, no".

Sabe que en esta materia las expectativas son altísimas y sabe que él mismo las ha alimentado, pero ahora ha tomado distancia de ellas. Las define como "expectativas desmesuradas", sabiendo que no puede satisfacerlas, porque luego de haber anunciado tanto un gobierno más colegial de la Iglesia, del Papa junto con los obispos, es necesario que Francisco se alinee al querer de los obispos, en gran mayoría conservadores, y renuncie a imponer una reforma rechazada por la mayoría.

A pesar de todo, los medios de comunicación siguen vendiendo el relato del Papa "revolucionario", pero el verdadero Francisco está cada vez más lejos.

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lunes, 11 de mayo de 2015

ROMA, 11 de mayo de 2015 – Se acerca la segunda y última sesión del sínodo sobre la familia y la temperatura de la discusión se eleva cada vez más.

Lo último en causar sensación ha sido la salida de los obispos alemanes, que ya dan por adquiridos, en el "contexto cultural" de su Iglesia local, cambios sustanciales en la doctrina y la práctica pastoral en materia de divorcio y homosexualidad:

> Sínodo. Los obispos alemanes ponen el carro delante de los bueyes
(6.5.2015)

Nada nuevo en esto. La gran parte de los obispos de Alemania están desde hace tiempo alineados en posiciones de este tipo, ya antes de que el cardenal Walter Kasper iniciase el fuego con la memorable relación introductoria al consistorio cardenalicio de febrero de 2014, en apoyo a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar:

> La verdadera historia de este sínodo. Director, ejecutores, ayudantes(17.10.2014)

La novedad es otra. Y tiene por protagonista al Papa Francisco.

Hasta el sínodo de octubre de 2014, Jorge Mario Bergoglio había demostrado repetidamente y en más de un modo que animaba a las "aperturas" en materia de homosexualidad y segundas nupcias, con gran eco cada vez en los medios de comunicación. El cardenal Kasper dijo explícitamente que había "concordado" con el Papa su explosiva relación al consistorio.

Pero durante ese sínodo las resistencias a los nuevos paradigmas se revelaron más fuertes y amplias de lo previsto y determinaron la derrota de los innovadores. La temeraria "relatio post disceptationem" redactada a mitad del sínodo fue demolida por las críticas y dejó paso a un relación final mucho más tradicional.

El Papa Francisco acompañó el desarrollo del sínodo contribuyendo al cambio, entre otros, con la inclusión sobre la marcha en la comisión encargada de escribir la relación final - hasta ese momento dominio descarado de los innovadores -, de personalidades de orientación opuesta.

Pero fue sobre todo a partir del final del sínodo en adelante cuando Francisco emprendió una nueva ruta respecto a la que él mismo había recorrido inicialmente.

Desde finales de octubre de 2014 hasta hoy, el Papa ni una sola vez ha apoyado mínimamente a los innovadores.

Al contrario. Ha intensificado las intervenciones sobre todas las cuestiones más controvertidas vinculadas al tema sinodal de la familia: la anticoncepción, el aborto, el divorcio, las segundas nupcias, el matrimonio homosexual, la ideología de género. Y cada vez ha hablado de ellas como "hijo de la Iglesia" - como ama autodefinirse -, con firme fidelidad a la tradición y sin separarse ni un milímetro de lo que dijeron antes que él Pablo VI, Juan Pablo II o Benedicto XVI.

Este sitio internet ya ha publicado la primera antología de todas las intervenciones del Papa Francisco sobre las cuestiones citadas, desde finales de octubre de 2014 a principios de marzo de 2015:

> Diario Vaticano / El paso doble del Papa argentino (17.3.2015)

Aquí abajo publicamos la continuación de la antología, con todas las intervenciones ulteriores del Papa desde mediados de marzo hasta hoy: dieciocho en menos de dos meses, que se añaden a las veintiuna del bloque precedente.

En el circuito de los medios de comunicación los innovadores siguen gozando de gran visibilidad y aprobación, y Francisco sigue siendo retratado como uno de ellos.

Siguen dando por adquirido su presunto apoyo también los más ardientes admiradores de Bergoglio, como por ejemplo ese "Cenáculo de los amigos del Papa Francisco" que se reúne mensualmente al amparo de los muros vaticanos, con sus mentores los cardenales Kasper y Francesco Coccopalmerio.

Pero la realidad es otra. Como un perfecto jesuita, Bergoglio es un gran realista y ya ha entendido – aunque sea sólo por los nombres de los delegados elegidos por los distintos episcopados nacionales – que la próxima sesión del sinodo será aún más desfavorable que la precedente a los innovadores.

Sabe que le tocará a él y sólo a él tomar las decisiones finales. Pero sabe también que le será imposible imponer a toda la catolicidad innovaciones que estén lejos de haber recibido el previo y colegial consentimiento de los obispos.

Los cuales no viven sólo en la decadente Iglesia alemana, sino también en África, en Asia y en todas esas vivas "periferias" del mundo que él ama tanto.

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jueves, 7 de mayo de 2015

Imortente

ROMA, 6 de mayo de 2015 – A juzgar por el último producto de la Conferencia Episcopal Alemana, el sínodo sobre la familia programado desde el 4 al 25 de octubre podría revelarse como un esfuerzo inútil.

El cardenal Reinhard Marx (en la foto), arzobispo de Munich y presidente de la Conferencia Episcopal, lo había dado a entender el pasado 25 de febrero con un golpe que ha dado la vuelta al mundo:

"No somos una filial de Roma. Cada conferencia episcopal es responsable del cuidado pastoral en el propio contexto cultural y debe predicar el Evangelio en el propio modo original. No podemos esperar que un sínodo nos diga cómo debemos modelar aquí el cuidado pastoral del matrimonio y de la familia".

Pero ahora es la misma Conferencia Episcopal de Alemania la que pone en blanco sobre negro la misma definición, en la que es su respuesta oficial – luego de haber consultado al "pueblo de Dios" – al cuestionario preparatorio difundido por Roma en vistas de la próxima sesión del sínodo.                                               

Al llegar a la pregunta sobre "cómo promover la identificación de líneas pastorales a nivel de las Iglesias particulares", he aquí lo que escriben efectivamente los obispos alemanes:

"Haciendo referencia a las diferencias sociales y culturales, parte de las respuestas propugna la búsqueda de consensos regionales a fin de elaborar directrices pastorales a nivel de la iglesia local. Como fundamento también podrían servir los procesos de diálogo – a nivel de diócesis – sobre los temas del matrimonio y de la familia, cuyos resultados serían a continuación objeto de debate con otras iglesias particulares. Para ello, sin embargo, se requeriría la capacidad y disposición de dialogar de todos los que participen".

La formulación es un poco retorcida, pero los hechos hablan claro. En casi todas las diócesis de Alemania ya se dan la absolución sacramental y la comunión eucarística a los divorciados que se han vuelto a casar, tal como ya lo había dado a entender un documento anterior de la Conferencia Episcopal Alemana, aprobado el 24 de junio de 2014 y exhibido ardientemente en Roma en la sesión del sínodo sobre la familia, durante el pasado mes de octubre:

> Caminos teológicamente responsables y pastoralmente Adecudos para el acompañamiento pastoral de los divorciados que se han vuelto a casar

Se puede leer en su totalidad este documento en la página web de la Conferencia Episcopal de Alemania, no sólo en el idioma alemán original, sino también en italiano, en inglés, en francés y en español, lo que muestra la voluntad de este episcopado de dar lecciones a todo el mundo.

Y la misma astucia multilingüe se adoptó para las respuestas al cuestionario presinodal, dadas a conocer en estos días:

> La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Respuestas de la conferencia episcopal alemana

A continuación se reproduce la sección del documento con las respuestas al cuestionario sobre los puntos más controvertidos: divorciados que se han vuelto a casar, matrimonios mixtos, homosexuales.

Los obispos alemanes no sólo aprueban que se den la absolución y la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, sino que también aspiran a que se bendigan en las iglesias las segundas nupcias civiles, que se dé la comunión eucarística también a los cónyuges no católicos, que se reconozca la bondad de las relaciones homosexuales y de las uniones entre personas del mismo sexo.

Escriben que no pretenden en lo más mínimo poner en discusión la doctrina de la Iglesia universal respecto al matrimonio y a la familia. Pero no explican cómo conciliar esa doctrina "cum Petro e sub Petro" con las prácticas pastorales hechas realidad por ellos en Alemania. 

A juicio del cardenal Gerhard Müller, en efecto, esa conciliación es imposible. Más aún, "la idea que las conferencias episcopales sean un magisterio además del Magisterio, sin el Papa y sin la comunión con todos los obispos, es una idea profundamente anticatólica que no respeta la catolicidad de la Iglesia":

> Bishops conferences are not the Magisterium, Vatican doctrine chief reminds Cardinal Marx

Müller es alemán, pero en Alemania lo consideran más "romano" que de ellos, en cuanto prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. 

Otro cardenal considerado más romano que alemán es Paul Cordes, presidente emérito de Cor Unum. También él ha criticado a los obispos que son sus connacionales, quienes pretenden dar lección al mundo a pesar de estar a la cabeza de una Igleisa en ruinas, en la que numerosos sacerdotes no rezan ni se confiesan, dos tercios de los fieles no creen en la resurrección de Jesús y sólo el 16% de los católicos tienen fe en un Dios que es persona y no una vaga entidad: 

> German prelate breaks rank with Cardinal Marx, insists on fidelity to Rome

Éste es el link al documento difundido por Roma en vista de la próxima sesión del sínodo de los obispos:

> Sinodo dei Vescovi - "Lineamenta" per la XIV Assemblea Generale Ordinaria

Los "lineamenta" incluyen la relación final del sínodo del pasado mes de octubre y un cuestionario para su profundización: los obispos alemanes han respondido a estos "lineamenta".

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DE LAS RESPUESTAS DE LOS OBISPOS ALEMANES AL CUESTIONARIO PRESINODAL


LOS DIVORCIADOS QUE SE HAN VUELTO A CASAR


[Pregunta n. 37: "¿Cómo hacer más accesibles y ágiles, y posiblemente gratuitos, los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad?"].

[Pregunta n. 38: "La pastoral sacramental respecto a los divorciados que se han vuelto a casar necesita de una profundización ulterior, valorando también la praxis ortodoxa y teniendo presente 'la distinciòn entre la situación objetiva de pecado y las circunstancias atenuantes'. ¿Cuàles son las perspectivas en las cuales moverse? ¿Cuáles son los pasos posibles? ¿Cuáles son las sugerencias para obviar formas de impedimientos no debidos o no necesarios?"].


La pregunta sobre la pastoral para los católicos divorciados y católicos casados de nuevo fue contestada por todos, y generalmente en forma detallada. Es un tema que preocupa a muchos fieles, no solamente a aquellos cuyo matrimonio ha fracasado. No hay duda de que este tema sigue siendo un aspecto clave para la credibilidad de la Iglesia. Los fieles abrigan grandes expectativas de que el Sínodo de los Obispos abra al respecto nuevos caminos en la pastoral. Llama la atención que las opiniones expresadas por el pueblo de Dios no apunten al llamamiento a una misericordia indiferenciada, sino que más bien se basen en una argumentación teológica diferenciada.

La ruptura de un matrimonio es un proceso doloroso, lleno de sentimientos de culpa. Los fieles esperan que la Iglesia ayude y acompañe a las personas que han sufrido esa experiencia y no las margine. Esperan que se las anime a involucrarse activamente en la congregación (véase "Familiaris consortio", núm. 84). Desde esta perspectiva también se está analizando la posibilidad de permitir el acceso de católicos divorciados casados de nuevo a la confesión y al sacramento de la comunión. Los sacramentos se entienden en primer lugar como un medio de salvación, a través del cual Cristo llega al encuentro del débil y pecador. La exclusión de los sacramentos, especialmente si tiene carácter definitivo, como en el caso de los divorciados casados de nuevo, está, para la gran mayoría de los católicos, en contradicción con su creencia de que Dios perdona todos los pecados, abre la puerta al arrepentimiento y ofrece la oportunidad para comenzar de nuevo.

En cuanto a la recepción de los sacramentos, la mayoría de los fieles espera que no se hagan excepciones pastorales ocultas, sino que se llegue a soluciones estructurales. No se trata de una aceptación indiscriminada, sino de un acceso a los sacramentos que dependa de ciertos criterios. Son solo pocos los fieles que rechazan rotundamente el acceso de divorciados casados de nuevo a la comunión. Temen que ello opaque el testimonio de la Iglesia en favor de la indisolubilidad del matrimonio. La mayoría de los fieles no comparte esa aprensión.

Es por ello que la resolución del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Alemana del 24 de Junio 2014 sobre “Caminos teológicamente responsables y pastoralmente adecuados para el acompañamiento pastoral de divorciados casados de nu evo” (véase documento adjunto) ha sido favorablemente acogido por el pueblo de Dios. En nuestra resolución hemos propuesto permitir el acceso de los divorciados casados de nuevo al sacramento de la penitencia y a la comunión, si la vida común en el matrimonio reconocido canónicamente ha fracasado definitivamente, se han aclarado las obligaciones del primer matrimonio, hay arrepentimiento por haber fracasado en el primer matrimonio y voluntad genuina de vivir el segundo matrimonio en la fe y educar a los hijos de acuerdo con la fe.

Además, se propone volver a analizar el fracaso matrimonial desde el punto de vista canónico, dogmático y pastoral, al igual que desarrollar formas litúrgicas que permitan expresar el dolor causado por la separación y el lamento por las heridas o humillaciones sufridas, pero también anunciar la esperanza de un nuevo comienzo ante Dios. Desde el punto de vista sacramental, se debe escalecer la relación entre la fe y el sacramento del matrimonio.

Varias diócesis y asociaciones piensan que sería oportuno considerar con mayor atención la práctica de la Iglesia ortodoxa. No se trataría solo de una mera adopción, sino más bien de la apertura de caminos análogos en la Iglesia católica. Al respecto se precisa una clarificación teológica. E n este contexto también se sugiere reflexionar sobre la posibilidad de la bendición  de un segundo matrimonio (civil), la cual, no obstante, debiera diferenciarse claramente de la liturgia matrimonial sacramental.

Ciertamente sería positivo simplificar los procedimientos de anulación del matrimonio, en especial agilizar los procesos y reducir los costos (en especial de los dictámenes). Algunos expertos sugieren renunciar al análisis general por parte de la segunda instancia, ya que esta por lo general confirma el veredicto de la primera instancia, y que la sentencia en primera instancia sea dictada por un colegio de jueces y no por un solo magistrado. Igualmente, se debiera reflexionar si la presunción legal en el contexto del derecho matrimonial no precisa ser reconsiderada.

Sin embargo, lograr un procedimiento más fácil no significa haber encontrado una solución general al problema. Comparado con la gran cantidad de personas afectadas, el número de personas que realmente inicia este proceso es muy reducido. Es poco probable que esa cifra aumente con la agilización del procedimiento. Además, el hecho de simplificar el proceso de anulación no debiera ser interpretado como un distanciamiento de la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio. En consecuencia, no hay que dar demasiada importancia a esas medidas.


MATRIMONIOS MIXTOS


[Pregunta n. 39: "¿La normativa actual permite dar respuestas válidas a los desafíos planteados por los matrimonios mixtos y por los matrimonios interconfesionales? ¿Se deben tener en cuenta otros elementos?"].


En más del 40 % de los matrimonios sacramentales en los cuales uno de los cónyuges es católico, el otro cónyuge pertenece a una confesión cristiana distinta, por lo general a la evangélica. Además, el número de matrimonios entre un católico y un cónyuge sin confesión va en aumento. Así pues, se aprecia un gran interés por contestar a la pregunta acerca del acompañamiento pastoral.

Los fieles esperan que la Iglesia también apoye la vida matrimonial y familiar de cónyuges de distinta confesión (de acuerdo con can. 1128 CIC ) e invite al cónyuge no católico a participar de la vida eclesial. Sin embargo, la decisión acerca de cómo vivir la fe en la familia debiera ser decidida por ambos cónyuges.

Las respuestas referentes al posible acceso de cónyuges no católicos (principalmente evangélicos) a la comunión sacramental ocupan un espacio importante. El hecho de excluir de la comunión a la pareja de confesión distinta es visto como obstáculo para la educación cristiana de los hijos y para la vida de fe en la familia. Desde el punto de vista teológico, se destaca que la exhortación apostólica "Familiaris consortio" (1981) valora claramente a los matrimonios de distintas confesiones ( núm. 78), y al mismo tiempo subraya la importancia de la Eucaristía como “fuente del matrimonio cristiano” (núm. 57). En relación con el fortalecimiento del matrimonio sacramental, y considerando la educacción cristiana de los hijos, hay que preguntarse de qué manera puede el cónyuge no católico participar en la vida eclesial, y en qué condiciones podría también tener acceso a la comunión. ¿Acaso no sienten los matrimonios de distintas confesiones, unidos por el doble sacramento del bautismo y el matrimonio, un a profunda necesidad espiritual, que debiera, en casos individuales, justificar el acceso del cónyuge no católico a la comunión (Véase can. 844 § 4 CIC; encíclica "Ut unum sint" de 1995, núm. 46; encíclica "Ecclesia de eucharistia" de 2003, núm. 45 y 46)?


HOMOSEXUALES


[Pregunta n. 40: "¿De qué modo las comunidades cristianas dirigen su atención pastoral a las familias que tienen en su interior personas con tendencias homosexuales? Evitando toda discriminación injusta, ¿de qué modo hay que hacerse cargo, a la luz del Evangelio, de las personas en tales situaciones? ¿Cómo proponerles las exigencias de la voluntad de Dios sobre su situación?"].


En Alemania, la vida en pareja homosexual tiene una condición jurídica distinta a la del matrimonio (“unión civil registrada”). Su reconocimiento es fruto de un consenso social amplio que también cuenta con el apoyo de la mayoría de los católicos, como lo demuestran las respuestas del primer cuestionario para la preparación del Sínodo Extraordinario.

Por lo general, los fieles esperan que cada persona, independientemente de su orientación sexual, sea aceptada tanto en la Iglesia como en la sociedad, y que en las parroquias se promueva un ambiente de respeto hacia todos los seres humanos. En casi todas las respuestas se apoya la postura sostenida por las ciencias humanas (medicina, psicología), según la cual la orientación sexual es una disposición inalterable y no elegida por el individuo. Por ello, el que se hablara de “tendencia homosexual” en el cuestionario provocó molestia y fue percibido como una expresión discriminatoria.

Solo contadas personas rechazan por principio las relaciones homosexuales, calificándolas de pecaminosas. La gran mayoría espera de la Iglesia una valoración teológico-moral más diferenciada, que considere las experiencias pastorales y los estudios científico-humanistas. La mayoría de los católicos aceptan las relaciones homosexuales cuando las parejas viven valores como el amor, la lealtad, la responsabilidad mutua y la fiabilidad, sin ánimo de equiparar las uniones homosexuales al vínculo matrimonial. Se trata de demostrar respeto, destacando al mismo tiempo las diferencias. Hay voces que favorecen una bendición de estas uniones, la cual, de todos modos, debiera ser diferente a la del matrimonio tradicional.

Una pastoral que acepte a las personas homosexuales precisa un desarrollo ulterior de la moral sexual eclesiástica, que haga suyo el conocimiento científico - humanista, antropológico, exegético y teológico-moral más reciente.

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lunes, 4 de mayo de 2015

Roma, 3 may (EFE).- El Papa Francisco pidió hoy a un grupo de feligreses, entre ellos numerosos ancianos, en la localidad de Ostia (centro de Italia) que recen por él porque, según confesó en tono jocoso, está "un poco mayor y un poco enfermo", aunque "no mucho".

sábado, 2 de mayo de 2015

ROMA, 1 de mayo de 2015 – Han llegado a Roma, desde todo el mundo, las respuestas al cuestionario preparatorio a la segunda y última sesión del sínodo sobre la familia, programado del 4 al 25 de octubre.

Una impresión difundida – a veces de manera interesada – es que la discusión presinodal se polariza entre dos posiciones extremas: por una parte, los que desarían introducir cambios radicales en la doctrina y en la praxis católica del matrimonio, permitiendo la disolución del vínculo y las segundas nupcias;  por la otra, quien se mantiene firme en castigar con la excomunión de hecho a quienes violan el dogma de la indisolubilidad.

El Papa Francisco, al clausurar la precedente sesión del sínodo, se había expresado con palabras duras contra ambos tipos de extremismo.

Su deseo, muy claro ya, es efectivamente que la Iglesia encuentre y recorra una "tercera vía", muy fiel al mandamiento de Jesús sobre el matrimonio y, al mismo tiempo, afectuosa hacia quien lo ha violado.

Lo que sigue es el extracto de un ensayo teológico que se propone ilustrar, precisamente, una posible "tercera vía".

Su autor es el teólogo dominico Thomas Michelet, de la facultad teológica de Friburgo, en Suiza.

El padre Michelet ha publicado este ensayo en la prestigiosa revista "Nova & Vetera", fundada en 1926 por el insigne teólogo tomista Charles Journet, nombrado cardenal por Pablo VI en 1965 y dirigida sucesivamente por otro teólogo y cardenal, Georges Cottier, ambos suizos y dominicos. Desde 2002 "Nova & Vetera" tiene también una edición en lengua inglesa, producida y publicada en los Estados Unidos.

La propuesta del padre Michelet es instituir un "ordo paenitentium" para quienes se encuentran en una condición persistente de diversidad con la ley de Dios y emprenden un camino de conversión que puede durar muchos años, o incluso toda la vida, pero siempre en un contexto eclesial, litúrgico y sacramental que acompañe su "peregrinación".

El modelo de este orden de los penitentes es el sacramento de la penitencia en la Iglesia antigua, con una forma renovada. Aunque no puedan acceder a la comunión eucarística, los penitentes no estarían excluidos de la vida sacramental porque este camino de conversión sería, él mismo, sacramento y fuente de gracia.

A continuación se reproduce la parte central del ensayo de padre Michelet, que es mucho más amplio y dedica páginas muy interesantes a dos cuestiones que también han sido debatidas en la precedente sesión del sinodo: la ley de la gradualidad y la comunión espiritual.

"Nova & Vetera" ha puesto a disposición de todos el texto íntegro del ensayo, en francés:

> Synode sur la famille : la voie de l"’ordo paenitentium"

Hay que desear – como ha pedido el Papa Francisco – que propuestas y reflexiones como esta se conviertan en el pan de cada día del debate antes y durante el sínodo, en contraposición con quien ya procede y actúa como si todo ya se hubiera resuelto de facto y la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar fuera ya un derecho adquirido.

Porque esto es lo que sucede en Alemania, por ejemplo. Y las recientes declaraciones del cardenal Reinhard Marx avalan este comportamiento:

"No podemos esperar hasta que un sínodo nos diga cómo debemos comportarnos aquí sobre el matrimonio y la pastoral familiar".

Pero podemos citar también la expeditiva conclusión "erga omnes" a la que ha llegado el teólogo Basilio Petrà ante el simple hecho de que en el consistorio de febrero de 2014 el cardenal Walter Kasper se expresara – con el aval del Papa – contra la exclusión a la comunión de los divorciados que se han vuelto a casar.

De hecho, según Petrà, a partir de ese febrero de 2014 "las cosas han cambiado".

Y han cambiado – dice – porque con el informe Kasper "el magisterio ha situado de hecho en el área de la duda" lo que hasta ahora era una prohibición indiscutible.

Con la consecuencia de que ahora "un confesor puede serenamente considerar dudosa la norma exclusiva y, por consiguiente, puede absolver y admitir a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar en las condiciones habituales", sin ni siquiera esperar el consentimiento de su obispo que "no es necesario".

La tesis de Petrà –  que además de ser autor de referencia de "La Civiltà Cattolica" es especialista en teología oriental y admirador de la praxis bizantina que admite las segundas nupcias – ha sido publicada con gran relieve en el último número de la prestigiosa revista "Il Regno", editada por los religiosos dehonianos de Bolonia:

> Verso il sinodo 2015 - Buone notizie per i confessori?

Pero volvamos a "
Nova & Vetera", que aún se toma en serio el próximo sínodo.

viernes, 24 de abril de 2015

ROMA, 21 de abril de 2015 – La semana pasada el Pontificio Instituto Oriental ha llorado el misterioso fallecimiento de un docente, el padre Lanfranco Rossi, hallado sin vida en un campo en las cercanías de Roma.

También la semana pasada una verdadero terremoto institucional ha embestido el instituto con la destitución de su cuerpo directivo.

La disposición, firmada por el prepósito general de la Compañía de Jesús, el padre Adolfo Nicolás Pachón, vice gran canciller del instituto, permaneció colgada en el tablón durante un solo día, pero todos pudieron leerla y tener conocimiento de ella.

Con fecha del martes 14 de abril, el rector James McCann y los decanos de las dos facultades de ciencias eclesiásticas y de derecho canónico orientales, Philippe Luisier y Michael Kuchera, todos ellos jesuitas, han sido destituidos de sus funciones.
 
La persona llamada a dirigir de manera temporal el instituto, con el título de pro-rector "ad interim", es el padre Samir Khalil Samir, 77 años, jesuita, nacido en Egipto, orientalista e islamólogo de fama, anteriormente profesor en la Université Saint-Joseph de Beirut y en otras instituciones de Europa y de América.

Y como nuevos pro-decanos han sido nombrados los padres Edward G. Farrugia y Sunny Thomas Kokkaravalayil.

La disposición fue ejecutada de inmediato, sin esperar el inicio del nuevo año académico. En la carta con la que notificaba esta medida, el general de los jesuitas denunciaba el espíritu "no caritativo" que ha disgregado la comunidad docente, causando un gran daño a la misión del instituto.

El Pontificio Instituto Oriental fue creado hace casi un siglo, en 1917, por el Papa Benedicto XV, junto a la congregación para las Iglesias orientales, cuyo prefecto - que actualmente es el cardenal argentino Leonardo Sandri – es también el gran canciller del mismo.

En 1922, Pío X confió el instituto a la Compañía de Jesús, reservando al Papa el nombramiento del rector, bajo propuesta autónoma del prepósito general tras haber escuchado a los docentes jesuitas.

En los meses pasados los decanos y algunos profesores del instituto habían pedido la destitución del rector, el americano James McCann, juzgado incapaz de guiar la maquinaria académica. El general de los jesuitas envió a un inspector en la persona del padre Gianfranco Ghirlanda, anteriormente rector de la Pontificia Universidad Gregoriana y gran canonista. Y el resultado ha sido, efectivamente, la eliminación de toda la dirección del mismo.

Que el padre McCann no fuera particolarmente apreciado, ni siquiera en el Vaticano, es algo que ya se había intuido el 19 de febrero de 2014, cuando fueron nombrados consultores de la congregación para las Iglesias orientales el vicerrector Massimo Pampaloni y los decanos Luisier y Kuchera, pero no él, el rector en el cargo: una humillación aún más grande si se tiene en cuenta que el secretario de la congregación era - y sigue siéndolo - un hermano suyo jesuita, el arzobispo eslovaco de rito griego Cyril Vasil.

Sin embargo, todos sabían que el desastre concernía no sólo a una persona sola sino a todo el instituto, pero nadie puso remedio.

La denuncia de este desastre afloró por primera vez en público el 15 de diciembre de 2011, en un momento solemne y frente a todo el cuerpo académico, en ocasión de la ceremonia de despedida del padre Robert F. Taft (en la foto), estadounidense, insigne liturgista, el último de los grandes docentes del periodo de oro del Pontificio Instituto Oriental, como eran también los padres Tomás Spidlik, moravo, nombrado cardenal por Juan Pablo II en 2003, y Miguel Arranz Lorenz, español.

Quien pronunció la "laudatio" – publicada después en la revista “Studi sull’Oriente Cristiano” y que se puede leer más abajo online – fue Stefano Parenti, profesor de liturgias orientales en el Pontificio Ateneo San Anselmo de Roma y discípulo del mismo Taft, junto al que ahora está publicando una monumental historia de la liturgia bizantina en varios volúmenes para la imprenta de la editorial de la Abadía Griega de San Nilo, en Grottaferrata.

Parenti dijo, entre otras cosas:

"A diferencia de hoy, a finales de los años ochenta del siglo XX el Pontificio Instituto Oriental era un lugar de excelencia para el estudio de las liturgias orientales, en especial de la liturgia bizantina. Quien en el futuro se asumirá el peso de escribir su historia tendrá que comprobar las responsabilidades que han llevado a una debacle tan clamorosa, en una lucha sin exclusión de golpes que, observada a distancia con el desapego de quien no se siente implicado, ve un campo de batalla desierto, sin vencedores ni vencidos".

Y sigue:

"Nos encontramos ante lo que en política se llama 'problema de sistema', conocido desde hace tiempo pero ignorado por quien tenía el deber de vigilar. A esto se debe de añadir la precariedad de muchos contratos y las modalidades singulares de reclutamiento y promoción de los docentes, según las cuales hay profesores titulares que en una buena universidad estatal europea o americana, en la mejor de las eventualidades hubieran seguido sido simples investigadores hasta su jubilación".

Efectivamente, basta dar una ojeada a los cursos para darse cuenta de la precariedad de muchas de las enseñanzas, confiadas a docentes improvisados, trasladados temporalmente de otras universidades y que en pocas semanas imparten lo que debería durar un semestre entero, todo ello en detrimento de los alumnos.

Por no hablar del fracaso del instituto en su deber primero de servir a la Iglesia en un momento de enorme crisis en el oriente musulmán y cristiano, desde Siria a Ucrania, una situación delicada en la que una contribución de asesoramiento y de estudio es más que nunca necesaria.

Además de ser improductivo en estos temas cruciales, el Pontificio Instituto Oriental ha sido noticia también en los meses pasados por la clamorosa deserción de uno de sus ex vicerrectores, Costantin Simon, americano de origen ucraniano-húngaro y especialista en cristianismo ruso.

Abandonada la Compañía de Jesús y la Iglesia católica, Simon fue acogido solemnemente como sacerdote en la Iglesia ortodoxa rusa el 7 de junio de 2014, en un rito oficiado por el arzobispo Amvrosij de Peterhof, rector de la academia teológica de San Petersburgo.

Hay quien prevé que el terremoto de estos días sea sólo el preludio de un cierre temporal del instituto, en vista de una reestructuración radical del mismo.
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El sitio web oficial del instituto:

> Pontificio Istituto Orientale

El texto íntegro de la "laudatio" de 2011 en honor de Robert F. Taft, con la previdente denuncia de la debacle del Pontificio Instituto Oriental:

> Il lascito di Robert F. Taft alla scienza liturgica

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El análisis crítico de los párrafos sobre el islam de la "Evangelii gaudium" del Papa Francisco por parte del padre Samir Khalil Samir, nuevo pro-rector "ad interim" del Pontificio Instituto Oriental:

> Islam y cristianismo. Donde trastabilla el diálogo (30.12.2013)
ROMA, 24 de abril de 2015 – Los procedimientos y su control son factores claves para orientar un sínodo. Se lo vio en la primera de las dos sesiones del sínodo sobre la familia, el pasado mes de octubre:

> La verdadera historia de este sínodo. Director, ejecutores, ayudantes(17.10.2014)

Por ejemplo, distinto a como se hizo en los sínodos anteriores, en la asamblea del pasado mes de octubre no se dieron a conocer públicamente las intervenciones de los padres en el aula sinodal. Cada día la sala de prensa vaticana entrega solamente el listado de las intervenciones y un resumen de los temas tratados, pero sin decir jamás quien había dicho algo.

Muchos padres sinodales protestaron contra lo que consideraron una censura. Pero fue inútil. El papa Francisco en persona lo había decidido así. 

Y mantuvo firme esa decisión también para la próxima y conclusiva sesión del sínodo, explicando los motivos en la entrevista publicada el pasado 13 de marzo por la vaticanista Valentina Alazraki, para la red mexicana Televisa:

"Un sínodo, sin libertad, no es sínodo. Es una conferencia, en cambio el sínodo es un espacio protegido, en el cual pueda trabajar el Espíritu Santo. Y para eso las personas tienen que ser libres. Por eso yo me opongo a que sean publicadas las cosas que dice cada uno con nombre y apellido. No. Que no se sepa que lo dijo él. Que se sepa lo que se dijo, no tengo problema. Pero no quién lo dijo. De manera que se sienta libre para decir lo que quiere".

Esto no quiere decir que la maquinaria del sínodo sea intocable y que desde aquí a octubre puede ser modificada. El mismo Francisco deseó una mejor funcionalidad, a la luz del principio de la colegialidad episcopal "cum Petro e sub Petro".

Es lo que sugiere el teólogo australiano Paul A. McGavin, en viaje a Papúa Nueva Guinea, en la carta abierta que le dirigió al Papa, publicada a continuación.